La iniciativa de Dios

Este evangelio nos sitúa en los primeros pasos del seguimiento, cuando todo está empezando. Jesús no da grandes discursos: pasa, mira y dice ?Sígueme?. Así de sencillo? y así de profundo. En estos días de Navidad y de comienzo de año, la escena encaja especialmente bien: Dios vuelve a tomar la iniciativa y se acerca a nuestra vida concreta, tal como es.

Felipe se fía de la llamada y, casi sin darse cuenta, se convierte en testigo. No explica teorías ni convence con argumentos brillantes; simplemente dice: ?Ven y verás?. Es una invitación muy propia de este tiempo: empezar el año no con promesas vacías, sino con la experiencia de encontrarse con Jesús en lo cotidiano.

Natanael representa nuestras resistencias. Sus prejuicios, sus dudas, ese ?¿de ahí puede salir algo bueno?? que también nos asalta cuando Dios no responde como esperamos. Y, sin embargo, Jesús no le reprocha nada. Le mira con cariño, le conoce por dentro, incluso antes de que él se acerque. Así es el Dios que celebramos en Navidad: un Dios que nos ve, que nos conoce, que se adelanta a nuestros pasos.

El reconocimiento final de Natanael ??Tú eres el Hijo de Dios?? no nace de un milagro espectacular, sino de saberse mirado y amado. Y Jesús le promete algo más grande todavía: un cielo abierto, una vida donde Dios no está lejos, sino implicado, cercano, caminando con nosotros.

Al comenzar este nuevo año, el evangelio nos lanza unas preguntas sencillas y exigentes a la vez: ¿Dónde me está diciendo Jesús ?sígueme??¿A quién puedo decirle yo, con mi vida, ?ven y verás??

Navidad no termina en los belenes; continúa cuando dejamos que Jesús entre en nuestra historia real y abrimos el año con la confianza de que, con Él, siempre hay cosas mayores por ver.